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Qué costumbre tan salvaje

El buen Sabines, hablando siempre de muerte, de amor, de mujeres, de Dios, del Diablo, de alacranes, de vivoras, de flores, de tierra, de la vida.

Para este viernes, qué mejor que uno de Sabines. La manera irónica de hablar de la muerte… la forma en que es casi como de caricatura el ritual de enterrar a alguien, y despues llorar y llorar, como dice el poéma: “Es una burla: ¿para qué lo enterraron?”. Hay que preocuparse individualmente, cada quien de su propia vida, si la vida fuera buena cuando uno la posee –completita– y no cuando está en peligro de irsenos, en verdad que dos otres de nosotros regresariamos a vivir un rato ….

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?ataud
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la cajan, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlos a un río?

Había de tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

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