en el país de los ciegos…
Artículo de ayer (Miércoles 5 de julio de 2006) en el diario La Jornada. Sólo unos fragmentos, el artículo completo se puede leer aquí.
Me duele mi país
(…) Me duele verlo dividido entre pasiones muy oscuras. Y así, advertir con impotencia los bordes de un futuro acaso incierto. Me duele ver el ansia de sus ciudadanos respondiendo al llamado de las urnas de una manera nutrida, pacífica, desde un tiempo largo y turbio de ignorancia.
La ignorancia -esta lacra secular nuestra- la tomo aquí de dos maneras. Una, desde luego, la deficiente o nula escolaridad de una porción amplia de la población. La otra, una forma de dejar de ver, de ignorar, de hacer de lado, los elementos de realidad para dejarse sorprender por una sensación de apremio ante la “amenaza” tan prolijamente difundida.
(…)
Me duele la defensa a las prebendas de unos cuantos, que se unieron temerosos de perder sus privilegios adquiridos en una inequidad flagrante.
(…)
Me duele el engaño a una mayoría hambrienta que no sólo es manipulada por el gobierno, sino que asimismo lo es por los sermones parroquiales. Los orígenes humildes del cristianismo hace mucho que son letra muerta, porque el clero dominante tampoco está dispuesto a privarse de sus condiciones ventajosas. Sé, sin duda, también de la existencia de otro que sigue aquellos antiguos preceptos.
(…)
El altruismo se vuelve un vocablo equívoco, apoyado en la ignorancia cultivada durante muchas generaciones: “Hijo mío, el premio a tu sumisión lo hallarás en el otro mundo”. ¿Y qué hay para éste? ¡No hay nada! Porque los empresarios -tan activamente presentes- buscarán que todo siga igual para ellos.
(…)
Me duele mi país en su ignorancia atizada por la moral doble de aquellos que defienden este estado de cosas. Los bienes de la nación deben ser para la “gente decente”.
(…)
¿Qué gana la inmensa mayoría de pobres? Nada. No gana nada. Si acaso, el emigrar hacia un país con una frontera armada.El campo no es negocio redituable. Por tanto, que se mueran los que no han comido bien, pero que han sido muy bien nutridos por palabras huecas que aterrorizan buscando paliar -en el discurso- sus carencias. Finalmente, si la fruta o la hortaliza es extranjera, nosotros, “la gente decente”, no nos privaremos de éstas. Los demás, que se rasquen con sus uñas.
(…) el camino que hace alarde de una sana macroeconomía, sin tener en cuenta el bienestar de esa enorme cantidad de gente sin futuro.
(…)
Me duele la ignorancia de la gente de mi país que no mira hacia adelante. ¿Y cómo puede hacerlo en este estado de cosas? El espejismo del país del norte llama a muchos desarrapados con un llamado engañoso a resolver lo que el gobierno dejó al margen.
(…)
Me duelen las leyes del mercado, que han probado su inefectividad para la mayoría que no goza de los derechos plenos con los que se buscaría el acceso, si el bienestar del país, pero más aún el de sus habitantes, fuera tomado en cuenta.Pero hoy y mañana el apoyo a la ignorancia continuará su camino en este estado de cosas. ¿Para qué el civismo, la geografía, la historia antigua? ¿Para qué, si se ha acordado, y con esta votación controvertida se apuntala, que es irrelevante para los dueños del capital y para los omisos?

